UNA GLORIOSA NAVIDAD
Por: Isary
Hubo un tiempo, en este tiempo, que en un pueblo muy lejano y casi olvidado, rodeado de grandes y pequeñas montañas, donde las nubes se pasean por las casitas, como tomando de ellas el aroma a hogar que sale por sus chimeneas humeantes.
El Sol del mediodía, con calidez coronaba la cabeza a todos sus habitantes y por las noches la luna iluminaba tímidamente a los que llegaban a sus casas después de una larga jornada, mientras que la brisa nocturna se encargaba de refrescar las noches para asegurar que su gente duerma fresca y confortable.
Hasta que un día, llegó un joven sacerdote, en un carrito azul; no muy bien tratado, a la única Iglesia que había en ese pueblo, al pié de un florido y típico parquecito rural.
Después de darle muy lentamente, unas cinco vueltas al parque, el Padre Timoteo, se estacionó frente al gran portón de la Iglesia, El joven Sacerdote, se quedó mirándola por unos minutos; más bien admirándola, ya que esa gran puerta de madera lo anonadó por unos minutos.
Entonces, introdujo la llave en la cerradura y luego de un poco de esfuerzo, logró sacarle el seguro, el joven Sacerdote tuvo que empujar fuerte las viejas y pesadas puertas talladas en arte Español, pero que estaban muy descuidadas, entre chillidos sonoros, como si despertaran de un largo sueño, poco a poco se iban abriendo.
El Sacerdote estaba en medio del gran pasillo de la Iglesia, asombrado de lo que veía, ya que aunque afuera era un día muy soleado, dentro de la Iglesia apenas entraban los rayos solares y no por los grandes ventanales que tenia, por que el polvadero pegado en ellas, no dejaba que entre nada de luz; La poca iluminación venía de los pequeños agujeros de sus viejas y agrietadas paredes.
Viendo hacia el Altar Mayor, experimentó una absoluta paz que lo inmovilizó por unos minutos, sorprendido y maravillado de todo lo que había, se arrodilló ante el altar a dar gracias a Dios por la manifestación de amor que tenía para su servidor, mientras estaba rezando, apareció por detrás, un chico sucio y desgreñado, casi como lo estaba la misma Iglesia, el chico muy entusiasmado lo saluda efusivamente y le dice: “Escuché el gran ruido que hicieron las puertas y vine a ver qué pasaba….y si podría ayudarle” ….ambos sorprendidos se presentaron:
“Soy el Padre Timoteo, nuevo párroco desde ahora, mmm ¡sí!, me gustaría que me ayudaras” le dijo mientras estrechaba su mano.
“Yo me llamo Félix”.- dijo el chico, “Y aquí estoy para servirle”
El Padre entonces dijo: “¡Muy bien, porque todo debe estar bien para Navidad!”
“¿Navidad?” Preguntó el chico, pero el Padre no lo dejó terminar y continuó diciendo: “Bien, empecemos ahora, no hay más tiempo que perder.
“Así es! dijo el chico, “No hay tiempo que perder y un poco preocupado le preguntó: “¿Pero, qué es Navidad? ”
El Sacerdote, entendió entonces lo que sucedía y le dijo: “Es el regalo más hermoso que todo ser humano tiene, es el mejor acontecimiento del mundo, te darás cuenta muy pronto, tú solo ayúdame a prepararla”
El chico muy entusiasmado y un poco confundido, le dijo: “Muy bien, muy bien, traeré más ayuda”
Le propuso llamar a sus hermanos y a otros amigos para que ayudaran también, ya que la Iglesia era muy grande y para el tiempo que el padre la quería lista y limpia, eso significaba que había que correr. El joven muy seguro le dijo: “Padre, entre más manos, mejor”
En aquel pueblo, tenían ya muchos años que no celebran Navidad, los habitantes del lugar se habían conformado con pasar ese día especial, como otro día cualquiera, trabajando y haciendo sus labores domésticas, para los niños, no había ninguna diferencia entre los otros días, nadie hablaba de que en Diciembre “Algo” se celebra.
Cosa que el Padre Tim; como lo llaman sus amigos; se dispuso a cambiar de inmediato y más aún, luego de haber escuchado los relatos “vacíos” de los jóvenes ayudantes y sobre todo, la gran ausencia de Dios que cada uno de ellos experimentaba.
El Padre Tim dijo: “Por ahora, dejemos la casa de Dios limpia y lista para recibir a todos los que quieran venir”. Los jóvenes un poco incrédulos, estuvieron de acuerdo en apurarse en el orden y la limpieza.
Al cabo de una semana, la Iglesia quedó como debía ser, un lugar limpio, fresco, confortable, con las luces todas funcionando y los hermosos vitrales trasluciendo el mensaje de Dios a través de la luz del Sol.
La misión estaba cumplida, todo estaba en su lugar, los jóvenes agotados, pero contentos. Pero el Padre Tim continuaba preocupado…..
Félix, el joven colaborador a quien el padre Tim lo nombró su “Sacristán” le preguntó:
“Padre Tim y ahora que te preocupa, acaso no hemos hecho bien el trabajo de limpieza y restauración”
El Padre Tim mientras se paseaba de un lado a otro pensando y pensando, le contestó: “Han hecho un veloz y excelente trabajo, Dios se lo pague. Lo que pasa es que tenemos solo dos semanas para la Navidad y no se como decorar la Iglesia, no encuentro nada que nos remonte al lugar donde nació Jesús; si recuerdas el relato de la Sagrada Biblia que te leí, ¿Verdad? El pesebre de aquel tiempo; casi como lo describen los Evangelios, me gustaría hacerlo un poco así, para poder hablarles de lo que es Navidad, para que los parroquianos y todos los que vengan vean también en las condiciones de pobreza y escasez en que nació el Niño Dios, pero, ¡No se como empezar!”
El Sacristán lo acompañó un buen rato en su “Caminata” de un lado a otro, hasta que se detuvo y dijo:
“!Navidad es el milagro de amor de Dios a la humanidad!” ¿Verdad Padre?
“Así es querido Félix, lo has entendido bien y ahora justamente, necesitamos ese milagro de amor” anotó el Padre Tim.
No terminaba de decir esas palabras, que casi inmediatamente llegaron los “Cuatro Angelitos de la Navidad” que se movían en torno a los dos, mientras se ponían al tanto de las necesidades de la Iglesia y de todo lo que pasaba.
Mientras tanto, Musioti, el angelito de la música, usaba sus poderes celestiales para llenar todo el ambiente de suaves melodías navideñas.
El joven sacerdote dijo en voz alta: “OHH! Esa música es perfecta para la ocasión y para la inspiración”.
Natibel; El angelito guía y encargado de velar de que todo el mundo conozca qué es Navidad, terminó diciendo: “Y también para la imaginación que nos hará mucha falta”
“¡Entonces, manos a la obra!” Exclamó el sacristán.
En ese momento, otro angelito, llamado Candiluz; Encargado de la iluminación interna y por qué no decirlo, “También externa” Buscó todas las luces posibles y adornó de hermosos y parpadeantes colores toda la Iglesia, lo mismo hacia Regael; El angelito que trae los regalos directo Del Padre, para toda la humanidad. Estaba encargado de conseguir todo lo necesario para armar el pesebre… buscó ramas secas, unos pilos de heno, un poco de madera rustica, algunas rocas, etc etc. Todo lo iba arreglando a un lado del Altar Mayor.
“¡Bien!” Muy entusiasmado dijo el Padre Tim “¡Yo haré muchos cancioneros para que todos los asistentes a la Santa Misa puedan cantar!”
Pero, esta vez Natibel se veía realmente preocupada, porque buscó y buscó por toda la Iglesia las estatuas que representan a la Sagrada Familia de Nazaret y no las encontró por ningún lado. Todas las hermosas imágenes que la Iglesia tenía, eran tan grandes y además estaban sujetas a la pared, Natibel las revisó por todos lados y era imposible sacarlas “Están empotradas” así que pensó:
“Debe haber otra solución”
Y cuando le comentó al sacerdote sobre su búsqueda frustrada, éste, quedó más preocupado aún.
“Mmm” Dijo el sacerdote: “Eso sí que es difícil, ¿Encontrar unas figuras representativas? A dos semanas de la Navidad!! Y en un pueblo casi olvidado” ………
Pero el joven Sacristán interrumpió la preocupación de ambos y les dio una genial solución.
Natibel le dijo: “Este chico sí que es inteligente”
Mientras ellos celebraban la gran idea, se unieron los otros angelitos y preguntaron muy curiosos: “¿Que está pasando? O, mejor dicho: ¿Qué están celebrando?” Entonces el Padre Tim les explicó:
“Nuestro Sacristán tuvo una gran idea, ya que no tenemos figuras representativas de José, María y el Niño Jesús; Cómo se dio en Belén de Judea; El va a llamar a la señora Juanita y a su esposo Miguel que hace unos días, les nació su primer hijito y creo que se llama Manuelito.
¿!No es eso fantástico!!? Ya tenemos a la “Familia de Nazaret” Todos se alegraron y más aún Félix que salió corriendo a darle la noticia a la familia.
Al cabo de un rato llegaron a la Iglesia la Señora Juanita, su esposo y el bebé a presentarse al Padre Tim y decirle lo que Félix les había contado y que ellos estaban felices de participar de tan gran evento.
Mientras celebraban, regresó el Joven Sacristán con un grupo de personas y entre ellos algunos niños también, los angelitos los recibieron gustosos y con la ayuda de sus celestiales manos les iban poniendo los trajes que representarán cada uno de ellos.
A unos niños los vistieron de angelitos, a otros de pastorcitos, el más grandecito les dijo: “Mis padres tienen borreguitos y gallinas que también pueden ayudar”
“Así es como se verán ustedes en la víspera de la Navidad” les dice Natibel, los niños no lo podían creer, se veían diferentes y se sentían diferentes también; uno de ellos le susurró una pregunta a Natibel: ¿Esto es real? ella le contestó: “Todo aquí es real, hasta la misma Navidad que vamos a celebrar con todos ustedes como parte del Misterio que envuelve al Nacimiento del Niño Dios”
“Ahora sólo falta convocar a todo el pueblo para que vengan a la Santa Misa” Dijo el Padre Tim.
Félix y sus compañeros le dijeron: “De eso nos encargaremos nosotros, no se preocupe usted, que después del ensayo todos saldremos a invitar a la gente, casa por casa, en el parque, en las esquinas, en toda la comarca y cruzaremos las montañas y hasta sus alrededores”
Al atardecer ya casi todo estaba listo, cada uno se iban retirando a descansar y esperar con muchas ansias la mañana.
El Sacerdote, muy entusiasmado y después de despedirlos les dijo: “Creo que la Iglesia nos va a quedar pequeña ” Muy agradecido se retiró hacer sus oraciones acompañado de los cuatro angelitos de la Navidad.
En los primeros rayos de luz y con mucho entusiasmo y fuerza, Candiluz y Musioti tocan las campanas de la Iglesia, el sonido cubría a todo el pueblo, que el canto de los gallos no se escuchaba, ni el parlancheo de las gallinas, tampoco el balar de los borreguitos pidiendo leche a su mamá.
El pueblo despertaba con mucha esperanza y alegría, esas campanas que hace muchos, muchos años no sonaban les recordó que “Hoy es el Gran Día”
Su fuerte sonido retumbaba en cada corazón, llenándolo de esperanza y energía ¡Es Navidad, es Navidad! los niños repetían, Ellos no hablaban de juguetes ni de qué comerían, sólo querían apresurar el momento para llegar a la Iglesia, vestidos de angelitos, otros de pastorcitos y celebrar algo que aún no entendían, pero que sabían que era bueno para toda la familia.
El Padre Timoteo, abre las sonoras puertas de la Iglesia justo a las seis de la mañana y ya mucha gente lo esperaba para rezar, cuando terminó la oración, los feligreses le prometen al Padre que volverán más tarde; “Tenemos mucho que hacer todavía” le dijo una de las señoras, “Y traeremos deliciosa comida para compartir” agregaron otros más, al despedirse. Lo cual hizo que el joven Sacristán diera un buen brinco y emocionado dijo: “!Comida para compartir, esa es mi frase favorita!”
Ya la Iglesia estaba lista para recibir a sus invitados, solo había que esperar el atardecer, cuando ya el astro Sol se dispone a descansar y la brisa fresca empieza a soplar. El pueblo, algo incrédulo, iba llegando poco a poco, hasta que la Iglesia se llenó por completo. Uno de los angelitos de la Navidad, Musioti comentó sorprendida: “¡No pensé que había tanta gente en este pueblo! ya que se lo veía muy pequeño y olvidado”
Natibel concluyó: “Olvidado por las autoridades, pero nunca olvidado por Dios”
¡Llegó el gran momento! El Padre Tim, su Sacristán y los otros monaguillos junto a los que iban a representar el “Pesebre de Belén” entraron en procesión solemne, mientras entonaban un hermoso villancico. Gracias a la ayuda de los Angelitos de la Navidad, la Iglesia sonaba como el mejor de los coros celestiales que no se había escuchado antes en ningún lugar.
Todos de pie, esperaban el inicio de la ceremonia, había en la Iglesia gente de todas las generaciones, niños, jóvenes, ancianos, mamás, abuelos, todos, todos habían llegado, incluso muchos animales del lugar, como los burritos, las gallinas, las ovejas, los perros, los gatos, muchas palomas y pajaritos, todos estaban muy quietos y silenciosos fuera de la Iglesia; como para no perderse nada del sermón; era un acontecimiento sin igual, una verdadera catequesis que había entrado en cada corazón y alimentado la razón.
Ese día será inolvidable para todo el pueblo, ya que con la representación de su misma gente, hicieron el Pesebre Viviente más grande que ellos jamás habían visto. Y con la ayuda del Padre Tim, los asistentes, aprendieron lo que es realmente vivir la Navidad entre nosotros, Sin duda, todos vivieron intensamente y con mucha devoción, aquel sublime tiempo, muchos de ellos, se dieron cuenta de dónde su bondad les surgía, que en el fondo de sus corazones habitaba siempre el amor y el respeto, muchos agradecieron a Dios por la llegada del Sacerdote a su pueblo olvidado.
Casi todas las familias entendieron que por Jesús, José y María, también ellos son parte de este Gran Misterio de Fe, que los envolvía.
Al final de la Santa Misa, cuando ya todos se retiran, se acercaron muy agradecidos y felices la señora Juanita su esposo Miguel y su hijito Manuelito; Qué, como muchos, era la primera vez que asistían a una Misa, Ellos muy emocionados dijeron: “Esta noche ha sido muy especial, ser parte del pesebre, estar en la Iglesia, servir a la comunidad, pero más que todo estar en nuestra “Gran Casa” como dijo usted Padre Tim en el Sermón y celebrar juntos La Navidad, esto nunca lo olvidaremos, será nuestra herencia de amor para nuestro hijo.
Los cuatro angelitos, felices de haber ayudado al Padre Tim, a su joven Sacristán y a todos en el pueblo, se despidieron alegres, prometiendo que sin duda volverán el próximo Diciembre, para todo el pueblo, juntos
¡Una Gloriosa Navidad! como familia de fe, volver celebrar.
FIN
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