TAMALITOS Y REQUESÓN PARA EL NIÑO DIOS
Por: Isary
Hubo un tiempo en este tiempo, que en un tranquilo vecindario de una pequeña ciudad, vivían, la señora Juanita, su esposo Ramón y el único hijo que tenían, Julián de 11 años.
En aquella ocasión y por orden de las autoridades, todas las personas deberían volver a sus ciudades de origen para comprobar por medio del censo cuántos habitantes tenía.
Así fue que mucha gente llegó a la pequeña ciudad llamada Belén de Judá para participar del censo.
Era una noche muy fría y con un cielo completamente lleno de estrellas, además en el camino los pobladores habían hecho seguidas fogatas para iluminar a los caminantes y a su vez, ellos puedan calentarse un poquito mientras llegaban a su destino, gente que iba y venía de todos lados.
Pero en la casa de Julián había también mucho movimiento y es que antes de que el gallo cantara ya la señora Juanita había terminado de preparar unos tamalitos de pollo, también había calentado la leche y además hizo un requesón con mucho empeño y dedicación.
Ella llamó con insistencia a Julián, para que le haga un especial favor, pero el chico no quería ni moverse.
Pero ella insiste: “Julián, hijo levántate, vamos hijo, tienes que apurarte”
Julián que no sabía los planes de su mamá y aún con los ojos medios abiertos le preguntó: “Y por qué quieres que me levante, si ni el Sol se ha levantado todavía”
La mamá le dice: “Si abres bien los ojos y abres bien tus oídos, te darás cuenta que el Sol ya se despertó, el gallo ya cantó y los pajaritos están revoloteando por tu ventana.
Vamos hijo, lávate bien la cara por que necesito que estés bien despierto”
Julián, mientras se despereza y se restriega los ojos y después de un largo bostezo, le preguntó: “Pero bien despierto ¿Para que?”
Entonces la mamá le explica:
“¿Te acuerdas de la señora encinta que estaba sentada en un burrito, al que su esposo lo animaba a caminar y el pobre burro cansado, no quería hacerlo?”
Julián le contestó:
“!Ah!, sí me acuerdo, que no pudimos darle ni un lugar por que ya no tenemos más espacio aquí y se fue a la casa de Mateo y su papá le dijo que solo tenia el establo y a ellos les pareció eso muy bien, ¡pobres, debieron haber estado bien cansados!
De que lejano lugar vendrían que dijeron que se quedarían en el establo, donde duermen las vacas, los burros, las ovejas, las gallinas y ese lugar huele muy mal.”
Interrumpe la mama:
“! Está bien, está bien! Ya estás enterado, por eso te he llamado, para que les lleves unos tamalitos de pollo ahora que están calientitos y un poco de leche y requesón, deben estar con mucha hambre y como vi a la señora, ese bebe pronto nacerá, ¡Oh! Que no suceda en el establo, pobrecito”
Julián le dice:
“Pero si ya nació, Mateo me lo contó, después del gran susto que se llevó al ver esa estrella que brillaba tanto, casi encima de su cabeza, Ah y además ya le llevó leche y requesón también.
La mamá insiste: “Pero no tamalitos de pollo; vamos hijo llévales pronto,
Julián dijo:
“Está bien ma, así lo haré, iré volando y regresaré volando también, así podré continuar durmiendo hasta que cante el gallo”
La mamá le replicó: “Hijo mío, pero si el gallo ya cantó”
Julián salió a toda prisa, pero en el camino vio a muchos pastores y aldeanos que también iban en la misma dirección.
Entonces Julián les preguntó: “¿Van ustedes al mismo lugar que yo?”
Uno de los pastores le dijo: “Supongo que si, unos ángeles del cielo se le aparecieron a unos pastores a media noche y le dijeron: “Hoy nos ha nacido un Salvador, Dios mismo y que estará con nosotros para que haya paz en el mundo, lo encontraremos en una cunita de paja y heno y en un pobre establo, una estrella brillante está posada en el lugar”
Otro pastor agregó: “Estamos ansiosos por verlo y además, le llevamos algunos regalitos, mira, yo le llevo un borreguito”
El otro pastor añadió: “Y yo le llevo unas pieles para que el bebe esté calientito”
Y otro más dijo: “Yo le llevo unos ricos panes, que hizo mi mama”
Y mirando al chico uno de ellos dijo: “Ahh! Vemos que tú también le llevas unos regalos, el bebe se pondrá muy contento”
Pero Julián se quedó pensando mientras los pastores continuaban el camino; “Todos le llevan regalos y ¿yo? ¿Qué les daré?, ¿Qué les daré? ¡Ah si! a su mamá le daré unas lindas flores”
Mientras avanzaba iba eligiendo la flor más bonita que veía en el camino, hasta que logró tener un hermoso y fragante ramillete de flores silvestres.
Enseguida pensó en el papa, “Buscaré un palo no muy grande ni muy pequeño para que le sirva de bastón”
Julián miró con atención los árboles del lugar y entre ramas y ramas, hasta que lo encontró.
“¡Que bueno! ¡Exclamó, !En la naturaleza sí que se encuentra de todo!”
Avanzaba feliz hasta que se acordó del niño: “!El bebe, que le doy al bebe! no puede comer tamalitos, tampoco requesón y la leche se la da su mamá, entonces, ¿Que le doy?”
Buscó y buscó, cogía unas lindas piedras las miraba con atención y luego las desecha; “No esto no es para un bebe” miraba, miraba por todos lados, cada vez con más prisa, pero nada, vio un panal de abejas y pensó: “ ¿Al bebe le gustará la miel? pero si me persiguen las abejas sería un desastre, ¡mejor no! seguiré buscando.”
No encontró nada apropiado para un bebe, y el ya casi estaba en la puerta del establo, pero se detuvo porque no quería entrar sin el regalo.
Miraba entonces por un ladito y la luz que del lugar salía, lo maravillaba tanto, pero aun así no se atrevía a entrar, hasta que vino José a verlo, saludó a Julián y le pidió que entrara, pero Julián le dijo que no podía entrar porque no tenía un regalo para el niñito.
El papá le dijo: “El niño Jesús lo único que quiere es que le des tu corazón y lo ames por siempre, sirviendo a los demás con amor y mucha fe. Y estoy seguro que tú tienes ya todo eso, así que, entra Julián, no temas”
Mientras entraban, el papá le dice a Julián: “Yo me llamo José y mi esposa es María y el bebe se llama Jesús y ha venido a este mundo para salvarnos y mostrarnos el camino al Padre, aunque lo veas en un pobre establo”
Julián muy contento le entregó los regalos y los tamalitos de pollo, la leche y el requesón y les dice: “Esto les preparó mamá, muy tempranito, antes de que el Sol salga y el gallo cante, ella estaba cocinando estos ricos tamalitos”
José los recibe con amor mientras que María le pide a Julián que se acerque al niñito Dios, “Está bien, buena señora, le dijo Julián y justo en ese instante el bebe extiende su suave mano hacia el y le sonríe.
Julián muy emocionado, pero también preocupado le dice a la Señora María en susurro: “Creo que me va a pedir su regalito”
Pero María lo tranquiliza y le dice: “No temas Julián que el niño Jesús sabe el regalo que hay en tu corazón y por eso, siempre te colmará de bendiciones”.
Julián le dijo al niño: “Dulce Jesús, toma mi corazón, que es todo para ti y ayúdame a servirte con amor”
Junto con los otros visitantes, Julián se quedó en completo silencio, contemplando aquel momento que lo maravillaba, todo, todo estaba quieto, la bulliciosa vaca, los revoltosos burros y hasta las parlanchinas gallinas, estaban muy calladas, sólo se escuchaba el balbuceo del niño Jesús y la suave melodía que su mamá le hacía para ayudarlo a dormir.
Luego de un rato el bebe se durmió y Julián se acordó que eso era lo que él iba hacer cuando volviera rapidito a casa.
María entonces le dice: “Anda Julián a ver a la señora Juanita y a tu papá Ramón para que vengan también a adorar al niño Dios”
Julián salió a toda prisa corría como un cordero asustado. Después de un rato, finalmente llegó a casa, y la mamá que estaba muy preocupada le dice: “Hijo mío, ¿Dónde te has metido? ¿Que te ha pasado? mira la hora que recién has llegado”
Pero Julián no podía ni hablar de la emoción, sólo la abrazó muy fuerte, entonces fue que ella comprendió que algo extraordinario y hermoso le había pasado a su hijo.
La señora Juanita le dió un cariñoso beso y fue en ese momento que al fin Julián le pudo contar todo lo que había ocurrido, entonces ella lo dejó descansando y llamó a su esposo para ir a toda prisa al establo, pero no sin antes contarle al vecindario lo ocurrido, casa por casa iban anunciando y animando a todos a que vayan al lugar, para que vean al Salvador, un niño en un pesebre recostado.
Nadie en la comarca se quedó en casa ese día, porque todos querían ver lo que sus vecinos decían: “¡Vamos, vamos todos con amor, contemplemos al Niño Dios que en esta humilde ciudad ha nacido, es el Rey, es Jesús, es el Mesías prometido”
FIN
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