La Hiedra y el Espino
Una hermosa historia, especial para Cuaresma.
Por: Isary
Me había dispuesto a descansar entre las ramas de un pequeño árbol de olivos, cuando se acercó una graciosa mariposa y se posó casi junto a mi, luego empezó a moverse mucho, de un lado a otro, yo le pregunté: "¿Tienes frío o calor?" Entonces ella me respondió: “Es que estoy aprovechando tu rayito de luz para calentarme un poquito” y enseguida agregó: "¡Tu debes ser Constantino! he oído mucho hablar de ti y la luz que estas dando siempre" Así es, yo soy, pero cuéntame; ¿Por que estas tan agitada? ¿Qué te ha sucedido?
Entonces ya tranquila la mariposa me contó esto: "Yo estaba revoloteando como todos los días cuando se pone cálido el tiempo, entre las flores, para tomar de ella su delicioso néctar, pero ese día en especial, me sorprendió un gran tumulto de gente que se aproximaba. Junto al camino, se extendía una hermosa hiedra que casi se había apoderado del robusto espino, entrelazándolo con sus verdes hojas. Ellos también se sorprendieron de aquella multitud de hombres, mujeres y niños que pasaban muy felices, cantando y danzando al mismo tiempo y ponían como alfombras grandes ramas de palma y hasta sus mantos que cubrían sus cabezas…
Nos quedamos inquietos al ver tanto alboroto y todo el polvadero que a su paso dejaron que la hiedra y el espino me convencieron para que siguiera esa muchedumbre. Así lo hice, llevada por la curiosidad. ¡Pero había tanta gente! unos niños me querían atrapar y llevarme ¡Quien sabe donde! que mejor decidí regresar. 'Es la multitud que va feliz llevando a la ciudad a un hombre sentado en un burrito', les explique a todos.
Pasaron como unos seis días, cuando vi que dos soldados se acercaban y pensé que venían por mí, me escondí entre la hiedra y le pedí que por favor no se moviera para que ellos no me agarraran.
La hiedra, como buena amiga me protegió muy bien y pudimos escuchar lo que los ellos querían. Dijeron: 'Todo rey se merece una corona, así que buscaremos la mejor, una muy natural y muy fuerte.'
Y se dirigieron justo donde estaba la hiedra entrelazada con el espino... Los soldados de un solo estirón arrancaron un buen pedazo y se lo llevaron muy felices diciendo: 'Esta será perfecta, Ja Ja Ja!' El resto de la planta se quedó un poco turbada, pero feliz y empezó a sentirse muy orgullosa por que parte de ella, ahora ¡iba a pertenecer a la realeza! Y nos preguntaba: '¿Dónde la iban a poner? ¿Quizás en el salón principal, del palacio real y rodeada de hermosas flores?' Tanto fue el orgullo que sentía, que hasta les pidió a todos los insectos voladores del lugar, que con sus alitas, le sacaran el polvo a sus hojas para que se vean mas verdes y relucientes. Pero, el espino también se sentía muy feliz por haber sido elegido, que discutía con la hiedra de que era por sus ¡fuertes y espinosas ramas! que los soldados habían venido. Esto me molestó un poco y decidí mejor ir a ver realmente que había pasado con la tan 'hermosa, fuerte y única corona'.
A través de unos rústicos hierros que sostenían una ventana vi a unos soldados que reían mucho y golpeaban a un hombre ensangrentado, que estaba caído en medio de un polvoriento patio. Entonces pensé: 'Esto no se parece en nada a un Palacio Real'.
Seguí mirando y una vez que sentaron al hombre en una gran piedra, le pusieron con mucha fuerza la misma corona de espinas que habían arrancado del lugar donde yo estaba. Le clavaron con fuerza esa corona en su ensangrentada cabeza y hasta se la golpeaban... ellos riendo decían: '!Ja, ja , ja, a un rey nunca se le debe caer la corona!' El hombre no decía nada, seguramente el dolor y la sangre que corría por toda su cara lo tenían mudo.
Yo me preguntaba.. ¿Que había hecho de malo para que lo traten así? Podría asegurar que era el mismo que vi unos días antes, en el camino, con esa gran multitud que lo aclamaba, que le decía '!Hosana, Hosana!'.
Mientras recordaba eso, vi que los soldados cubrieron al hombre con un manto y lo empujaban para que camine. Yo desde lejos lo seguí y mucha gente también. Él se balanceaba de un lado a otro mientras arrastraba un pesado madero en forma de cruz, yo quería ayudarlo y aliviarle el peso, pero solo seria un estorbo más. 'Hubiera querido tener mis alitas grandes para darle viento y así aliviarle al menos su sudor que se confundía con la sangre que la corona le producía'.
Continué volando un poco a la distancia para seguir al Hombre, hasta que llegó a un cerro, donde habían otras cruces. Vi que lo pusieron en esa enorme cruz y cuando ya estaba clavado, me acerqué hasta la corona de espina y pude ver que los espinos lloraban. 'Lo siento mucho' me dijo parte de la hiedra que quedaba entrelazada, no sabia cuanto dolor iba a causarle a este hombre. Y fue en ese mismo instante que escuchamos, que aquel hombre le dice que la 'perdonaba, por que no sabía lo que estaba haciendo' y 'que estará con Él en el Paraíso', pero aun así la hiedra lloraba amargamente.
Ya casi al anochecer, luego de desatarse una fuerte tormenta, lo bajaron del madero unos hombres y vi cómo unas suaves manos le quitaba muy cuidadosamente la corona de espinas de la cabeza y la puso junto a unas rocas, a Él se lo llevaron y yo me quedé junto a la corona que sollozaba desconsoladamente mientras poco a poco se iba apagando su aliento. Regresé a la vera del camino y les conté todo lo que había pasado, ambas no lo podían creer, que parte de sus ramas fueran utilizadas para la burla y el dolor. La hiedra y el espino, se sintieron muy mal y con mucha tristeza recuerdan lo orgullosas que estaban.
Ahora ambas crecen juntas, ayudan a muchos insectos y protegen sus tierras fermentándolas! Claro! con mi ayuda también, por que esa es la misión que aquel Hombre en la Cruz me dio, así fue como ocurrió."
Estoy realmente sorprendido, de lo que has vivido en esa parte del camino, has participado de una realidad que revolucionó el mundo. Es bueno que no lo olvides nunca, por que nos ayuda a descubrir la Verdad. Ahora toma tu descanso querida mariposa, por que tu misión ha empezado ¡Ya!
Fin